miércoles, 26 de diciembre de 2012

BIENESTAR Y DEMOCRACIA PENDIENTES DE UN HILO


SIN FINES DE LUCRO
Martha C. Nussbaum
(Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012)

¿Podrías vivir en un país desarrollado económicamente pero sin libertad? ¿Y cerrar los ojos ante las desigualdades sociales siempre que haya crecimiento económico y tecnológico?

¿El arte, la filosofía, la historia son materias inútiles e improductivas sin función educativa alguna? 
¿Es posible la felicidad sin democracia, ni libertad? 
¿Hace falta educar para la democracia? 

¿Si a la nación le va bien a los individuos también, aunque sean muy pobres y sufran numerosas privaciones?
¿Debemos dar prioridad a la nación, al "pueblo", a la "jerga grupal", al colectivismo, frente al desarrollo integral de individuos o personas con sentido crítico, no sometidas, ni necesariamente dóciles, con los poderes establecidos? 
¿Queremos educar a nuestros hijos como "ciudadanos del mundo" o sólo como pobladores de una localidad, pueblo o nación?

Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva la democracia. Si esta situación se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias en lugar de ciudadanos cabales con capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo (p.20).

Con la urgencia de la rentabilidad en el mercado global, corremos el riesgo de perder ciertos valores de importancia enorme para el futuro de la democracia (p.25). Nos referimos a la capacidad de desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como “ciudadanos del mundo” (p. 26).

Ninguna democracia puede ser estable si no cuenta con ciudadanos educados para ese fin (p.29). La mayoría de nosotros no elegiría vivir en una nación próspera que hubiera dejado de ser democrática (p.30).

¿Qué significa entonces el progreso para una nación? (p.34) Los avances en materia de salud y educación, por ejemplo, guardan una muy escasa relación con el crecimiento económico. Por otra parte la libertad política tampoco sigue el camino del crecimiento, como se puede observar en el caso notable de China. Por lo tanto producir crecimiento económico no equivale a producir democracia, ni a generar una población sana, comprometida y formada que disponga de oportunidades para una buena calidad de vida en todas las clases sociales (p.36).

La educación no consiste en asimilación pasiva de datos y contenidos culturales, sino en el planteo de desafíos para que el intelecto se torne activo y competente, dotado de pensamiento crítico para un mundo complejo (p.39). La libertad de pensamiento en el estudiante resulta peligrosa si lo que se pretende es obtener un grupo de trabajadores obedientes con capacitación técnica que lleven a la práctica los planes de las élites orientados a las inversiones extranjeras y al desarrollo tecnológico (p. 43)

Resulta más fácil tratar a las personas como objetos aptos para ser manipulados si uno nunca aprendió a verlas de otra manera. En palabras de Tagore el nacionalismo agresivo necesita embotar la conciencia moral y, en consecuencia, necesita personas que no reconozcan lo individual, que hablen una jerga grupal, que se comporten como burócratas dóciles y que también vean al mundo como tales. El arte es un gran enemigo de ese carácter obtuso. (p. 46).

Por el contrario y frente a ese modelo “del crecimiento económico” se encuentra el “paradigma del desarrollo humano”, según el cual lo que importa son las oportunidades o “capacidades” que posee cada persona en ciertas esferas centrales que abarcan desde la vida, la salud y la integridad física hasta la libertad política, la participación política y la educación. Este modelo de desarrollo reconoce que todas las personas gozan de una dignidad humana inalienable y que ésta debe ser respetada por las leyes y las instituciones. Toda  nación mínimamente decente debería aceptar que sus ciudadanos están dotados de ciertos derechos, en estas esferas y en otras, y debería elaborar estrategias para que superen determinados umbrales de oportunidad en cada una de ellas. (p.47).

sábado, 15 de diciembre de 2012

Resiliencia académica y educación del carácter en la psicología positiva


Aprender, que puede ser muy divertido, en muchas ocasiones exige un esfuerzo y una dedicación que no todo el mundo está dispuesto, o en condiciones, de realizar. Hay estudiantes que no quieren aprender, que no piensan que puedan aprender, y que no encuentran nada atractivo aprender, no importa lo maravillosa que sea la escuela, ni sus profesores, ni los medios o recursos que se pongan a su disposición (Seligman, 2011), y parecen refractarios a las aplicación de las mejores estrategias y técnicas pedagógicas que brillantes educadores y pedagogos diseñan pensando en ellos (Vaello, 2011).

El esfuerzo es fruto de una decisión personal consciente, libre y voluntaria, una cuestión relativa al carácter de la persona. Conocemos dos rasgos del carácter que tienen que ver con dedicar tiempo a una labor que suponga esfuerzo:

- Autocontrol (auto-disciplina).
- Persistencia: perseverancia y pasión en la persecución de metas a largo plazo, inmunidad al desaliento

La psicología positiva considera que, en la mayoría de los problemas o dificultades de aprendizaje, queda un margen -más o menos amplio- a la beneficiosa influencia de un rasgo del carácter como es la resiliencia. Sería muy bueno explorar en cada caso el auténtico peso de las circunstancias y el margen real que existe para compensarlas con el esfuerzo personal ya que incluso en las circunstancias externas más adversas siempre queda un espacio para la elección personal (“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias – para decidir su propio camino”. Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido).

La resiliencia es un elemento central en el concepto de flourish que predice resultados educativos y psicológicos tales como disfrutar en la escuela, la mayor participación en las clases, y una mejor autoestima. Martin y Marsh (2006), han establecido cinco factores que predicen la resiliencia académica: confianza, coordinación-planificación, control, calma-tranquilidad, compromiso-persistencia. Todos estos elementos deberían ser tenidos en cuenta y adoptarse como objetivos de una acertada educación del carácter especialmente con alumnado con problemas de aprendizaje.

En resumen, para la psicología positiva el carácter es -al menos- tan importante como el intelecto, o la capacidad, en la consecución de logros académicos y de cualquier otro tipo. La educación del carácter debe tener presente la conexión existente entre determinados rasgos de personalidad, incluidos en el concepto de “flourish” y el bienestar. Lo importante es que el esfuerzo es educable y lo dos rasgos citados (autocontrol y persistencia) deben constituir el eje central de una bien orientada educación del carácter (Seligman, 2011).

Referencias

Martin A. J., & Marsh H. W. (2006). Academic resilience and its psychological and educational correlates: a construct validity approach. Psychology in the Schools, 43 (3), 267-281.
Seligman, M.E.P. (2011). Flourish. A visionary new understanding of happiness and well-being. New York: Free Press.
Vaello Orts, J. (2011). Cómo dar clase a los que no quieren. Barcelona: Graó.