viernes, 19 de octubre de 2012

El Elemento necesario para la felicidad



¿Podemos ser felices sin conocer cuál nuestro Elemento?

¿Qué podemos hacer desde el sistema educativo para contribuir a que cada persona encuentre su Elemento?

Este sería el objetivo central y prioritario de una Educación para la felicidad.

¿Tenemos la sabiduría y el coraje necesarios para emprender esa tarea?

El elemento

"Hay demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer" (p. 16).

"El Elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales (...) Cuando las personas están en su Elemento establecen contacto con algo fundamental para su sentido de la identidad, sus objetivos y su bienestar" (p.44).

"El Elemento tiene dos características principales, y hay dos condiciones para estar en él. Las características son: capacidad y vocación. Las condiciones son: actitud y oportunidad. La secuencia es más o menos así: lo entiendo; me encanta; lo quiero; ¿dónde está?" (p.45).

Inteligencia, creatividad, imaginación

"La mayoría de las personas creen que la inteligencia y la creatividad son cosas totalmente diferentes (...) La inteligencia y la creatividad van de la mano." (p.87).

"La forma más elevada de inteligencia consiste en pensar de forma creativa" (p. 87).  

Pero "la creatividad va un paso más allá que la imaginación, porque exige que hagas algo en vez de estar tumbado pensando en ello" (p. 104).

La escuela y la cultura

"Los mayores obstáculos para encontrar el Elemento aparecen en la escuela.  Esto se debe en parte a la jerarquía de las asignaturas, lo que significa que muchos estudiantes nunca llegan a descubrir sus verdaderos intereses y talentos" (p.197).

"La cultura no sólo influye en lo que pensamos acerca de lo que vemos, sino en lo que en realidad vemos del mundo" (p.205).

"Los niños aprenden mejor cuando aprenden el uno del otro y cuando los profesores aprenden junto a ellos" (p. 312).

Determinismo (¿Suerte, destino?)

"Lo que determina nuestra vida no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que sucede" (p.214).



domingo, 7 de octubre de 2012

Claves cognitivas para una vida feliz o infeliz

¿Cuándo podemos confiar en nuestras intuiciones y cuándo no?, ¿de qué modo podemos aprovechar los beneficios del pensamiento lento?, ¿qué variables psicológicas, decisiones, comportamientos, etc., pueden haber contribuido a la actual actual crisis económica?



Para encontrar respuestas inteligentes y fundamentadas a esos y otros interrogantes conviene leer el libro Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman, que atesora numerosas y sorprendentes claves para comprender la importancia del comportamiento humano en temas económicos, y en la toma de decisiones en general.

Kahneman, profesor de psicología, es uno de los pensadores más importantes del mundo. A los 68 años fue laureado con el premio Nobel de Economía por haber integrado los avances de la investigación psicológica en la ciencia económica y por su trabajo pionero en psicología sobre el modelo racional de la toma de decisiones.

Nociones como la aversión a la pérdida y el exceso de confianza, la dificultad de predecir lo que nos hará felices en el futuro, enmarcar adecuadamente los riesgos, el profundo efecto de los sesgos cognitivos sobre todo lo que hacemos, desde jugar en la Bolsa hasta planificar las vacaciones; todo esto solo puede ser comprendido si entendemos el funcionamiento conjunto de los dos sistemas a la hora de formular nuestros juicios y decisiones.

Kahneman explica los dos sistemas que modelan cómo pensamos. El sistema 1 es rápido, intuitivo y emocional, mientras que el sistema 2 es más lento, deliberativo y lógico. Kahneman expone la extraordinaria capacidad (y también los errores y los sesgos) del pensamiento rápido, y revela la duradera influencia de las impresiones intuitivas sobre nuestro pensamiento y nuestra conducta. 

Además, ofrece enseñanzas prácticas e iluminadoras sobre cómo se adoptan decisiones en la vida profesional o personal, y sobre cómo podemos usar distintas técnicas para protegernos de los fallos mentales que nos crean problemas. Sus ideas han tenido un profundo impacto en campos tan diversos como la economía, la medicina o la política, pero hasta ahora no había reunido la obra de su vida en un libro.


martes, 2 de octubre de 2012

¿Por qué una educación desde y para la felicidad?


En primer lugar, el requisito fundamental para una educación para la felicidad es que se haga desde la felicidad. Se comprende fácilmente que un profesorado ‘quemado’, o unos adultos (padres, etc.) disgustados e infelices no resultan los agentes idóneos para llevar a buen puerto tan ambicioso objetivo. Es prioritario mejorar los niveles de felicidad de todas las personas implicadas en el proceso educativo.

Dado que existe una predisposición hereditaria que nos obliga a movernos dentro de unos límites heredados de felicidad y que las emociones, como la inteligencia, la personalidad, la altura y el peso, y facultades físicas diversas, tienen un importante componente genético, resulta inevitable preguntarnos, como hizo Fordyce es sus trabajos pioneros (1997 y 2000) si es posible incrementar la felicidad (¿podemos ser más felices?). No tiene ningún sentido elaborar una propuesta educativa para intervenir sobre un aspecto inmodificable de la condición humana. 

La respuesta unánime de los científicos es afirmativa (Fordyce, 1997 y 2000; Diener y Biswas-Diener, 2008; Lyubomirsky, 2008; Morris, 2009; Seligman, 2007, Sheldon y Lyubomirsky, 2007). Y ¿cómo podría hacerse? Como hemos visto algo, aunque sea poco, se puede intervenir sobre las circunstancias pero, sobre todo, podemos sacar el mejor provecho posible de ese 40% de margen voluntario de actuación. Del mismo modo que la inteligencia se puede utilizar de muchas maneras, podemos elegir entre diversas opciones de comportamiento y adquirir hábitos que incrementen o disminuyan nuestra probabilidad de ser felices.

En todo caso porqué habríamos de esforzarnos en ser más felices. Porque la felicidad, en sí misma, es una meta deseable que nos proporciona un estado de ánimo placentero. Además, los senti­mientos positivos amplían nuestro repertorio de ideas y de acciones y nos ayudan a cimentar (construir) recursos mentales duraderos que nos resultarán de utilidad en experiencias futuras (Fredrickson, 2004; Fredrickson y Branigan, 2005). Hoy sabemos que la felicidad proporciona a las personas muchísimas ventajas adicionales, consecuencias, efectos o funciones beneficiosos en múltiples áreas de la vida: en el campo de la salud, en las relaciones interpersonales y afecti­vas, en el mundo profesional y laboral, en la capacidad de cooperación, etc. 

Texto tomado de:

Caruana Vañó, A. (2010). Psicología Positiva y educación. Esbozo de una educación desde y para la felicidad. En A. Caruana  Vañó (coord.), Aplicaciones educativas de la psicología positiva (pp.16-58). Generalitat valenciana, Conselleria d’Educació.